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martes, 23 de abril de 2013

Ministro Ricardo Molina, “Acarigua” Rodríguez, José Meléndez: Renuncien

Por: Miguel Cabrera
Ministro Ricardo Molina

Por dignidad y respeto a sus familiares, pongan a la orden sus cargos


Indignación y desprecio, son los sentimientos que un ser humano común y corriente puede sentir, al escuchar las expresiones del ministro de vivienda Ricardo Molina, y de los supuestos dirigentes sindicales de Sidor, José “Acarigua” Rodríguez y José Meléndez. Como bien dijera un compañero, ellos con sus declaraciones han superado con creces el umbral del asombro. Decir sin ningún desparpajo que van a botar a la gente, que les resbalan las leyes laborales, y lo que es peor, infiero yo, que nada les importa la suerte de los hijos y familiares que quedarán desamparados por el desempleo de sus padres y madres, por el supuesto “delito” de pensar distinto a ellos y no apoyar al gobierno. Es lo más ruin que uno puede esperar de quienes se llenan la boca hablando del socialismo o de defensa de los derechos de los trabajadores. Por la salud política de la nación y sobre todo, por el respeto a la clase trabajadora que es quien produce las riquezas de las cuales ellos se lucran, les exigimos en nombre de millones de compatriotas: renuncien a sus cargos, ustedes son indignos de ocuparlos.


Me imagino que ellos en lo menos que pensarán será en renunciar, pues se sienten orgullosos de haberse ganado el aplauso cerrado de gerentes y dirigentes del Psuv cuando llamaron a perseguir y botar a la gente que les adversa políticamente. Seguramente piensan que se ganaron parte del cielo y el pleno respaldo de la cúpula del Psuv, y hasta se sienten dignos “hijos” del fallecido presidente Hugo Chávez. Pero déjenme preguntarles lo siguiente ¿acaso sentirán orgullo sus esposas, hijos, hijas y familiares, al ver como ustedes abogan por dejar desempleados a otros trabajadores que con sus salarios sostienen a sus familias? Estoy seguro que no, porque todo mundo sabe que con la comida de los hijos no se juega.

A esos burócratas gubernamentales o sindicales que hoy vociferan a los cuatro vientos mano dura contra los adversarios políticos y se sienten felices porque algunos les vitorean y les entonan la consigna “así, así es que se gobierna”, quiero decirles que ese slogan ya no refleja las aspiraciones colectivas de un cambio revolucionario, sino las prácticas antiobreras de la burocracia, que son repudiadas por la mayoría de la clase trabajadora.

No se sientan héroes, porque no lo son. El respeto que hayan podido ganarse entre sus compañeros con su trayectoria sindical la cambiaron por las miserias del poder. El aplauso infame y las sonrisas cómplices de gerentes corruptos certifican que ustedes no son más que muñecos, que expresan en público lo que el ventrílocuo gobierno piensa y ejecuta desde hace tiempo en contra de los trabajadores. No son más que eso, y la clase trabajadora se los cobrará en su justo momento.

Se siente guapos y apoyaos. Esa es la triste realidad. Usted ciudadano Ricardo Molina se siente agrandado porque el Presidente Maduro le acaba de condecorar ratificándole en el cargo de Ministro "del Poder Popular" para la Vivienda. Eso no es ningún mérito. Pero fíjese, ciudadano Ministro, cómo son las cosas y cómo unas palabras más o unas palabras menos, pueden hacer la diferencia. Póngase a pensar qué estaría diciendo el país, si usted se hubiese quedado hasta la mitad de su disertación, hasta el momento justo en que reprochó correctamente el hecho de que se escriban grafitis dando vivas al cáncer y manifestó “está bien, está bien, allá cada quien con su conciencia”.

Si se hubiese detenido allí, efectivamente usted sería calificado como un demócrata de pura cepa y estaría nadando en la popularidad y nadie estaría diciendo que el recién posesionado Presidente le premió por sus altisonantes frases, ratificándolo en el cargo como ministro. Pero ya metió los pies y aunque sé que a usted no le importa, déjeme decirle que existe un jabón moral para lavar esa mancha que llevará por el resto de sus días. Con la dignidad que aún le queda diríjase al país para disculparse y poner su cargo a la orden. Esa es la única salida decente. Por favor no permita que cuando sus familiares accedan a internet, se enteren que el buscador de Google ofrece 1.100.000 posibilidades encontradas en 28 centésimas de segundo, sobre sus nefastas declaraciones. Corrija, renuncie y dele la oportunidad del buscador Google de ofrecer 10 millones de opciones encontradas en diez milésimas de segundo para informar que usted se disculpó y renunció a su cargo en un acto de dignidad.

El mismo mensaje para “Acarigua” y José Meléndez. Háganle un favor a la clase trabajadora, renuncien a sus investiduras como sindicalistas, antes de que los propios trabajadores de Sidor se lo cobren en las próximas elecciones sindicales. Ustedes, ni nadie, tiene autoridad moral para perseguir a los trabajadores y bien saben que la clase obrera actúa en forma distinta. Ustedes mejor que nadie saben cómo es que los trabajadores realizan y verifican en forma democrática sus procesos electorales. A pesar de las groseras ventajas de las que algunos candidatos sindicales en Sidor gozan, al ser apoyados por el Presidente de la compañía o por el gobernador regional, al final de las elecciones todos los trabajadores y todos los representantes de las diversas planchas, sin excepción y si así lo quieren, pueden quedarse a pocos metros del sitio donde se realiza el conteo de todos los votos, óigase bien, de todos los votos. Y luego de muchas horas de espera se certifica el 100% de la votacion y se produce el informe oficial por parte del Tribunal Electoral que previamente ha sido elegido democráticamente por los trabajadores, y nadie en su sano juicio al finalizar el proceso manifiesta que va a realizar una cacería de brujas para perseguir a los que no votaron por su opción. Y si alguno tiene la bajeza moral y política de pensarlo y hasta de inducir a sus jefes para que lo hagan a partir del día siguiente, no lo dicen en público.

No quiero, terminar esta nota, sin recordarle a los atropelladores, que no se crean que la gente esté temblando de miedo. Por el contrario. En los propios actos del gobierno, la gente tiene la osadía de grabarles sus barbaridades. Ya ellos son conscientes y saben que vuestra valentía es hija del pavor y de saber que cada día se acerca más la pérdida de sus prebendas y ventajas. Es un axioma que todo gobierno y régimen político intenta expresar fortaleza en medio de las crisis terminales, aupando la represión y recortando las libertades democráticas. Bien decía mi Madre, el cisne canta cuando va a morir.

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