Por: Simón Rodríguez Porras

Existe confusión entre miles de luchadores sociales latinoamericanos acerca de la situación venezolana. Nicolás Maduro asegura ser víctima de un sabotaje económico. Incluso sectores de la izquierda se hacen eco de sus denuncias de golpe. La prensa internacional por su parte presenta la crisis como el fracaso del “socialismo”. Pero ambas versiones distorsionan y falsean la realidad.
Maduro es uno de los presidentes más impopulares de la región, con un apoyo del 15%. Tan bajo como el de Temer en Brasil o Bachelet en Chile. El primero de septiembre se movilizaron más de trescientas mil personas en Caracas, convocadas por la oposición patronal de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), para exigir que las autoridades electorales permitan la realización de un referendo revocatorio. Simultáneamente, el chavismo reunió en un acto con Maduro a menos de treinta mil personas, ante quienes el presidente se jactó de haber derrotado un golpe. La noche siguiente Maduro fue caceroleado en Villa Rosa, un barrio pobre de la isla Margarita.
El referendo revocatorio es una figura introducida en la constitución de 1999 por el chavismo y se aplicó en 2004 contra Chávez, quien triunfó en la votación. No es una maniobra golpista, aunque los derechistas de la MUD encabecen la campaña por el referendo.