Por: Mercedes Petit
El Socialista, Argentina


El 9 de enero de 1905 fue el Domingo Sangriento en San Petersburgo, la capital del imperio de los zares. Una enorme manifestación de obreros con sus familias, encabezados por un cura, Gapón, se dirigió pacíficamente, desde los distintos barrios obreros, hacia el Palacio de Invierno. Llevaban íconos religiosos y retratos del zar, a quien rogaban “justicia y protección”. Pedían amnistía, libertades públicas, separación de la iglesia y el estado, las ocho horas, aumento de salarios, cesión progresiva de la tierra al pueblo y, fundamentalmente, una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal. Desde el 3 de enero hubo una huelga en una de las más grandes fábricas metalúrgicas, Putilov. Para el 7 de enero, había 140.000 huelguistas en Petrogrado.
El zar ordenó masacrar a los manifestantes. Hubo centenares de muertos y miles de heridos.