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viernes, 25 de marzo de 2016

Guri se seca y apaga no una, sino tres centrales hidroeléctricas

“La probabilidad de colapso es de 99%”, 
advierten Ingenieros"


Por Vanessa Davies 
Publicado en CONTRAPUNTO.COM

El asueto de Semana Santa decretado por el Gobierno Nacional en poco ayudará a aliviar la situación del embalse, alertaron los expertos Miguel Lara y Valdemar Andrade

El embalse de Guri (Bolívar) se seca y con él se va apagando el país, porque es gracias a sus aguas que se ilumina Venezuela. Una cuenta regresiva le pone fecha a la cota de colapso de Guri: mediados del mes de abril. Aun cuando toda la atención está concentrada en lo que sucederá con el complejo hidroeléctrico Simón Bolívar (que es lo que popularmente se conoce como Guri), la realidad es que la crisis de Guri afecta no a una, sino a tres centrales hidroeléctricas que se alimentan de las mismas aguas del río Caroní: la Simón Bolívar, la Francisco de Miranda (Caruachi) y la Antonio José de Sucre (Macagua).

No es el fenómeno de El Niño, sino la sobreexplotación de Guri y el incumplimiento en la dotación y actualización del parque termoeléctrico los factores que han puesto al país al borde del colapso eléctrico, señaló a Contrapunto el ingeniero electricista Miguel Lara, quien estuvo a cargo de la Oficina de Planificación del Sistema Interconectado (OPSI). A su juicio, “se sobreexplotó Guri desde el año 2014”.

Desde agosto del año pasado, afirmó Lara, el Gobierno Nacional ha debido tomar medidas para preservar el líquido de Guri, pero no fue así. Todo indica, según su valoración, que las autoridades optaron por turbinar más agua (para producir más energía) de lo que la prudencia indicaba, a fin de dar una impresión de “normalidad”.

La decisión de extender el asueto de Semana Santa tres días más y sumar a las vacaciones obligadas al sector privado no aliviará a un sistema que ya está en condiciones precarias, concluyó Lara. “No se le ha dicho la verdad a la gente”, afirmó el experto de forma categórica.

El ingeniero electricista Miguel Lara aseguró que son la sobreexplotación del embalse de Guri y el incumplimiento de los planes para la generación termoeléctrica, más que el fenómeno de El Niño, los que han colocado al país en una crisis eléctrica. 
Publicado el 21 mar. 2016

Gota a gota hasta el 15-A

Valdemar Andrade, profesor jubilado del departamento del ingeniería hidrometeorológica de la UCV, explicó a Contrapunto que el embalse de Guri está bajando 16 centímetros de lunes a viernes y 14 centímetros los fines de semana. De haber una oportuna generación termoeléctrica con las plantas que tiene el país, contrastó, la reducción debería ser de 10 centímetros. “A medida que baja se hace más ineficiente y necesita más agua para producir menos electricidad”, precisó Lara. En otras palabras, hay que exprimirle más líquido al embalse con resultados que no son los mejores. La evaporación, como consecuencia del calor, tampoco ayuda.

La cota mínima de diseño para el funcionamiento de Guri, confirmó Andrade, es 240 metros sobre el nivel del mar. La actual está peligrosamente cerca: 246 metros. Lara relató que se ha establecido la cota de 240 metros como la crítica con base en las pruebas realizadas tiempo atrás, pero aclaró que el equipo de ingenieros que trabajaba en la OPSI nunca estuvo dispuesto a bajar de la cota 244. “Si se baja de la cota 244”, dictaminó, las consecuencias pueden ser graves. Esto evidenciaría que apenas restarían dos metros de “colchón” para maniobrar.

Si el agua baja demasiado hay que parar buena parte de las máquinas. Si se paran las máquinas se produce menos electricidad. La ecuación es sencilla: menos electricidad es igual a apagones sorpresivos o a racionamiento eléctrico. “La probabilidad de colapso es de 99%”, advirtió Andrade.

La cota mínima se debe alcanzar el 15 de abril, advirtieron ambos ingenieros. “Así fue diseñado el sistema; eso no se puede cambiar”, confirmó. De ocurrir, se perderían más de 4 mil megavatios en Guri y al menos 3 mil entre Caruachi y Macagua. Ello implica oscuridad para una zona del país equivalente a tres ciudades como Caracas, estimó el experto.

“En las condiciones actuales el sistema colapsa a mediados de abril”, lo que obligará al país “al funcionar al mínimo” y a dejar a la gente “en su casa”, pronosticó Abraham Salcedo, jefe del Departamento de Ingeniería Hidrometeorológica de la UCV, en diálogo con Contrapunto.

Parque de máquinas

Lo cierto es que no hay un parque termoeléctrico listo y afinado para suplir las deficiencias de las hidroeléctricas en la época seca, subrayó Andrade. Tampoco se ha terminado la construcción de la central de Tocoma, una megaobra ubicada en el río Caroní que debía producir la nada despreciable cantidad de 2 mil megavatios.

El Gobierno Nacional “hizo contratos para incorporar cerca de 11 mil megavatios térmicos desde 2009 hasta 2015”, refirió Lara. ¿Qué pasó con ellos? ¿Por qué no están disponibles? “Se debe decir la verdad del parque térmico, por qué está en las condiciones que está” y “si eso se va a reparar o no se va a reparar”, demandó. De acuerdo con sus cálculos, con medidas de ingeniería –y el equipamiento requerido- se puede recuperar el parque térmico en unos 90 días.

El embalse de Guri está diseñado para soportar al menos tres años secos consecutivos, siempre y cuando tenga un respaldo de las plantas termoeléctricas. No ha sido así. “Se ha sobreexplotado Guri desde septiembre del año pasado”, aseveró, para generar “más energía de la que se debería generar”. Y si está afectado Guri, también lo están Caruachi y Macagua.

El sistema eléctrico “está operando, desde hace muchos años, en condiciones de riesgo”, diagnosticó.

La falta de agua en Guri era “un problema previsible”, criticó Abraham Salcedo. Está convencido de que el problema es la operación que se ha hecho del embalse. O lo que es lo mismo, “la sobreexplotación del agua de Guri por la falla de las termoeléctricas”. Salcedo aseveró a Contrapunto que todos los modelos permiten prever el comportamiento en los ciclos de lluvia y los ciclos de sequía. No hay sorpresas.

Visto así, El Niño “no es una amenaza” sino un elemento con el cual lidiar, porque se sabe con qué frecuencia aparece, argumentó Salcedo. Con el pleno conocimiento de que el fenómeno ocurriría en 2016, el año pasado “se debieron comenzar los recortes de energía” y se debieron hacer las reparaciones para que lo disponible funcionara de manera eficiente.

Asueto ¿inútil?

La decisión de decretar asueto toda la Semana Santa para ahorrar electricidad no rendirá los frutos anunciados, alertó Andrade. Por el contrario, puede suceder que aumente la demanda domiciliaria y que la población no consuma luz en su trabajo, pero sí en su casa. Una frase da la medida de la situación, a criterio del ingeniero: “Estamos en lo peor del infierno”.

La temporada de lluvias debe comenzar a mediados del mes de mayo; pero con base en su experiencia, el profesor de la UCV anticipó que este año el embalse de Guri no se recuperará “a menos que haya un diluvio”. No escatima las críticas a la forma como se ha manejado el embalse: “A Guri, debido a la sobreexplotación, lo secamos en dos años”.

Son las precipitaciones de junio a septiembre las que mejorarían su condición, acotó Lara. Siempre y cuando Venezuela goce de una buena temporada lluviosa.

La gente “debe saber la situación real del embalse de Guri”, insistió Lara. Se debe asumir, también, un racionamiento eléctrico que permita que el agua se “estire” hasta finales del mes de junio. Ese racionamiento, necesariamente, afectará Caracas.

Apostar por la llegada anticipada de las lluvias no es lo más correcto, consideró Salcedo, porque en condiciones normales llueve a finales de abril o principios de mayo. “Como dejamos secar tanto todos los sistemas Guri no va a poder recuperarse ni que lloviera muy fuerte”, anticipó el investigador. Para que Guri pueda reponer fuerzas se precisan lluvias superiores al promedio: “Necesita por lo menos seis meses de lluvia por encima del promedio”, calculó.



Aire y agua no son buenos compañeros

A partir de este momento en Guri se necesita ingeniería de precisión; es decir, verificar constantemente que no entren bolsas de agua que dañen las máquinas del complejo Simón Bolívar y causen una tragedia, describió Lara.

Por otra parte se debe garantizar el gasoil para el funcionamiento de las plantas termoeléctricas y adelantar la operación de Tocoma, hidroeléctrica que hasta ahora no ha producido electricidad “ni para encender un bombillo” aunque la obra se prometió para el año 2012.

Aun cuando la Asamblea Nacional no construye, sí puede ejercer su rol contralor, recordó el ingeniero. En su opinión, el Parlamento debe investigar en qué se ha gastado el dinero aprobado para el sector eléctrico y crear una comisión de expertos que analice lo que se ha hecho y lo que se ha dejado de hacer. La revisión de las tarifas, para sincerar lo que la población paga por el servicio, es otra medida que no debería demorar más: “No es la empresa eléctrica la que debe subsidiar; es el Gobierno” y de manera directa, remarcó Lara.

Mientras avanza la temporada seca, Guri se aproxima a los números del riesgo. Los números que le ponen la soga al cuello a tres centrales hidroeléctricas, y con ello, al país.

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