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martes, 13 de noviembre de 2012

Ajeno a enseñanzas del marxismo


China capitalista y dictatorial.jpg
Por: Irma Barreto 
XVIII Congreso del PCCH

En medio de profundas desigualdades sociales y sacudido por una corrupción galopante que amenaza con socavar la estabilidad del Estado, el Partido Comunista de China (PCCh) ha inaugurado el 8 de noviembre su XVIII Congreso.


Nada que ver con aquellas pautas y esfuerzos por una sociedad igualitaria, hacia la cual se encaminó el glorioso Partido fundado en julio de 1921, cuyas luchas tanto en el seno interno -donde desde su fundación se han debatido diversas corrientes- como frente al enemigo de clase y a la agresión extranjera, condujeron a la toma del poder en 1949.

En el curso de nueve décadas muchas son las tempestades que ha debido sortear el PCCh. Lejos encuéntrase hoy de poder afirmar que “está dando lecciones de sabiduría en la aplicación del marxismo a la realidad de su país”, como afirma el amigo Jerónimo Carrera (La Razón, 4/11/2012)

El PCCH abandonó desde hace tiempo las lecciones del marxismo para abrazar la teoría de Deng Xiao Ping –quien fue expulsado de todos los cargos del Partido, como “impenitente seguidor del camino capitalista”, y rehabilitado en 1977, después de la muerte de Mao Zedong. Según documentos de aquel período, su expulsión se debió a “una política de capitulacionismo y traición nacional, cuyas ideas económicas son las de la burguesía (...) y pretende apoderarse de la economía nacional arrebatándosela al proletariado y transformar la economía socialista de China en una economía capitalista de monopolio burocrático” (1).

Una amalgama irreconciliable
China es hoy, ciertamente, la segunda economía mundial, lugar alcanzado no “en la trayectoria exitosa hacia la construcción de una sociedad socialista avanzada”, según señala Jerónimo, sino mediante una senda sinuosa que ha dado al traste con los objetivos que sirvieron de simiente al PCCh: una sociedad sin opresión de clases ni privilegios.

Muy otra es la realidad de la China actual, desde la consagración de la teoría de Deng Xiaoping como ideología orientadora del Partido. El costo pagado por China para alcanzar tal nivel en su economía se traduce en una brecha abismal entre ricos y pobres y en una sociedad cuyos valores están orientados hacia el lujo y la riqueza.

Pretender ubicar tales desviaciones en el campo del marxismo es una amalgama irreconciliable.

Poderosos capitalistas dentro del PCCH
La corrupción ha sobrepasado todos los límites en el seno del PCCh. En el mundo entero repercuten las noticias del fabuloso enriquecimiento de ministros y altos funcionarios, amasadas en el ejercicio del poder.

Nadie debería sorprenderse de tales informaciones desde que el PCCh admitió en su seno la Triple Representatividad, según lo dio a conocer en febrero de 2000 el entonces Secretario General del Comité Central, Jiang Zemin, es decir, a los representantes de la “cultura avanzada de China”, en otros términos a los magnates de la nueva clase empresarial. 

Consecuencia de tales deliberaciones es la degeneración del Partido Comunista de China en un feudo de poderosos, dispuestos a mantener sus privilegios frente a la explotación de millones de obreros sometidos al yugo de la maquila y a directivas gerenciales, mientras los campesinos, una vez desmanteladas las comunas populares, se ven reducidos al cultivo de la tierra sobre la base de la “responsabilidad familiar o individual”, sin protección social alguna.

El valiente pueblo chino desplazará a los poderosos
Frente a los cónclaves de congresos, frente a las deliberaciones de quienes han usurpado sus derechos, el heroico pueblo chino, triunfante en mil batallas, avanza silencioso. Los obreros no permanecerán cabizbajos ante la férula de gerentes capitalistas; millones de campesinos, silenciosamente, se han reorganizado en cooperativas y, ante la eliminación del servicio médico cooperativo, han venido creando fondos comunes de asistencia social y solidaria.

La ruta gloriosa del Partido Comunista de China no será borrada por impostores y opresores de la clase trabajadora.

Cfr. Irma Barreto – China: la lucha no ha cesado, EBUC, 1990, pp.110/111.




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