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martes, 20 de septiembre de 2016

La masacre de Tazón y la lucha constante por una alternativa viable


A 30 años de la masacre: Un aporte al 
debate sobre el movimiento estudiantil 

Por: Pedro Cesar Torrecillas López

Un día martes, 18 de septiembre de 1984, en el aula 06 de la Facultad de Agronomía de la UCV, en el Campus Maracay, se llevaba a cabo una reunión ampliada del Centro de Estudiantes. El ambiente era de resignación, se hablaba de al menos “clavar la bandera”. El caso era que al día siguiente, 19 de septiembre, el Consejo Universitario sesionaría y el rector Edmundo Chirinos sometería a votación un “paquetazo” que incluía el aumento de tarifas del comedor, de las gestiones administrativas tales como solicitud de constancias de estudio o de notas, entre otras medidas dirigidas a recargar sobre los bolsillos de los estudiantes y sus familias el peso de la crisis presupuestaria; bolsillos de por sí ya golpeados por el deterioro del nivel de vida que empezaba a manifestarse en el país como producto de la crisis del modelo “puntofijista”, cuyo inicio formal se coloca en el famoso “viernes negro” del 18 de febrero de 1983, durante el gobierno del socialcristiano Luís Herrera Campins. Era ahora el gobierno de Jaime Lusinchi, de Acción Democrática, y el ministro del Interior Octavio Lepage. ¿Acaso ese rector era uno más de los rectores de derecha que servían de correa de transmisión de las políticas gubernamentales?, no, se trataba de uno de tantos casos lamentables en la historia de un sector que se reivindicaba progresista y terminaba prestándose para ser el mejor instrumento para arremeter contra los sectores más desfavorecidos.

Chirinos, el famoso psiquiatra que mal comenzaría y peor terminaría, ganó el rectorado como candidato de una coalición de izquierda conformada por el MAS y el MIR fundamentalmente. Una vez en la silla de Vargas (humillación histórica para el insigne primer rector de la UCV), con su habilidad para la manipulación inició una campaña dirigida a amalgamar a unos y neutralizar a otros bajo el lema del “Amor a la UCV”; los corazones inundaban la ciudad universitaria, mientras que la política que se adelantaba vulneraba los derechos de la educación gratuita y ponía en peligro la continuación de los estudios de los estudiantes de pocos recursos económicos. La gran mayoría de los grupos y centros estudiantiles de Caracas estaban plegados o aletargados. La Federación de Centros Universitarios, dominada por los mismos partidos de “izquierda” que apoyaban al rector, acompañaba su política.


En este marco se daba aquella reunión esa noche. “Es posible que no logremos nada, pero al menos debemos protestar”, era la idea de todos los allí presentes encabezados por el presidente, Agustín Ridell. El plan era realizar una asamblea a la mañana siguiente en las puertas del Campus, tomar los autobuses y dirigirnos a Caracas a ejercer la protesta a las puertas del Consejo Universitario. Así se hizo. Muy temprano comenzó a congregarse una gran masa estudiantil, donde predominaban los nuevos estudiantes que recién habían ingresado a Agronomía. Se hicieron los análisis y las propuestas, y al poco tiempo todos los autobuses disponibles estaban llenándose de estudiantes dispuestos a a defender sus derechos. Solo cuatro autobuses pudieron partir; ya que eran los únicos en buenas condiciones.

El decano de la facultad, Pedro Vegas, de Acción Democrática, se comunicó con el rector para informarle de la situación. En un gesto insólito para un rector de la UCV, Chirinos optó por comunicarse con el ministro del Interior y solicitarle que retuviera los autobuses en el peaje de Tazón. Al llegar a dicho peaje, un contingente de la Guardia Nacional, a pertrechado con armas de guerra, nos detuvo. Los autobuses se alinearon a un lado. En la tradición libertaria y aguerrida del movimiento estudiantil, exigíamos al comandante, Teniente coronel Vizcuña que nos dejase pasar, ya que era nuestro derecho constitucional al libre tránsito y por demás éramos estudiantes de la UCV que nos dirigíamos de la UCV a la UCV. Infructuosos fueron nuestros alegatos. Se decidió realizar asambleas en cada autobús para decidir las acciones a seguir: o regresarnos o tratar de avanzar hacia Caracas. Por supuesto, nuestro deseo era continuar, jamás retroceder; pero en nuestra ingenuidad pensábamos que si intentábamos ejercer nuestro derecho, aunque seguro seriamos reprimidos, creíamos que no pasaría de tragar gas lacrimógenos, recibir perdigones y planazos. Las asambleas decidieron avanzar; se subieron las ventanillas de los buses; el primero y segundo autobús no se atrevían a arrancar, y lo hizo el tercero, saliendo lentamente de la fila y yendo vía Caracas. Un oficial parado a un lado del vehículo saco su arma de reglamento y disparó al caucho del autobús sin efecto alguno en este, pero desatando el infierno, al comenzar todos los guardias ubicados a ambos lados de la hilera de buses a dispara a a discreción sobre estos. Cuarenta y tres heridos, varios graves; afortunada y sorprendentemente ningún muerto.

Testigos de esa atroz acción fueron todos los ciudadanos que habían sido retenidos en el peaje mientras transcurrían los hechos. Los vehículos comenzaron a avanzar y auxiliaban a los heridos que iban siendo trasladados a los hospitales de Caracas. El resto de los estudiantes permanecimos en Tazón insistiendo en que nuestro destino era la UCV Caracas. Y a la UCV Caracas llegamos. Una UCV ya conmocionada por la noticia, donde cientos de estudiantes derribaban las puertas del edificio del rectorado, y sacaban al rector para llevarlo al aula Magna a que diera cuentas de sus actos. La historia que siguió fue la de un hecho azaroso que generó un descomunal despertar del movimiento estudiantil nacional. El fermento que venía incubándose con la crisis nacional, estallaba ante la vil agresión a un grupo de estudiantes desarmados. Siguieron tiempos de lucha y de organización.

Más allá de la historia, de las anécdotas, se filtran las lecciones. Para muchos compañeros fue el despertar a la política. De golpe se percataban claramente del verdadero carácter del supuesto régimen democrático; represión desmedida, medios de comunicación que ocultaban o abiertamente deformaban la realidad... lo vivían en carne propia. También se hacía evidente la diferencia entre discurso y acción; el papel nefasto de lo ideológico en el sentido marxista del concepto, la falsa conciencia que enmascara los verdaderos intereses con discursos engañosos. La democracia no era tal, la “izquierda” tradicional no era tal, la FCU era un cascarón controlado por los partidos que ejercían el poder universitario. Esa escuela de política impulso a toda una generación de líderes estudiantiles. Tazón quedó impune, como tantas otras agresiones a los sectores populares.

Gran parte de esa nueva dirección estudiantil impulsaría las luchas que junto a los trabajadores y sectores populares, terminarían dando al traste con el régimen “puntofijista”, que recibiría el golpe mortal con el “Caracazo” y luego con las insurrecciones militares. En cierta forma, ese ímpetu transformador terminaría siendo presa nuevamente de la trampa ideológica. El chavismo, bajo el discurso del “socialismo del siglo XXI”, envolvería al movimiento en las brumas de un supuesto progresismo que se manifiesta en el discurso y que en sus líneas fundamentales termina sustentando un modelo dirigido a favorecer los intereses de élites económicas, políticas y militares, relegando a los trabajadores, estudiantes y demás sectores populares a simples engranajes del sistema de explotación que reciben las migajas que caen de la mesa del festín.

Las lecciones siguen, y es necesario extraer todas las enseñanzas de ellas, a fin de garantizar una verdadera organización que esté al servicio de los principios fundamentales y de los intereses de los trabajadores, los estudiantes y de los sectores populares en general, en la búsqueda de un modo de producción social sostenible, socialmente justo e igualitario, compatible ecológicamente y económicamente eficiente y productivo, que más allá de la mascarada ideológica, garantice ciertamente la mayor suma de felicidad posible para todos y no solo para una élite del poder económico, político y militar.

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