Cada primero de mayo serán resucitados
Les espera la horca. Eran cinco, pero
Lingg madrugó a la muerte haciendo estallar entre sus dientes una
cápsula de dinamita. Fischer se viste sin prisa, tarareando «La
Marsellesa».
Parsons, el agitador que empleaba la palabra como látigo o
cuchillo, aprieta las manos de sus compañeros antes de que los guardias
se las aten a la espalda. Engel, famoso por la puntería, pide vino de
Oporto y hace reír a todos con un chiste. Spies, que tanto ha escrito
pintando a la anarquía como la entrada a la vida se prepara, en
silencio, para entrar en la muerte.





