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viernes, 12 de abril de 2013

Emiliano Zapata, el revolucionario campesino

10 de abril de 1919: asesinato del líder de la Revolución Mexicana
El Socialista / Argentina 


Se cumplen 90 años del fusilamiento de Zapata, quien fuera -junto a Pancho Villa en el norte- el principal dirigente de la gran revolución campesina que se desarrolló en México entre 1910 y 1920.
Emiliano Zapata. Su lema fue “Tierra y Libartad”.

En 1910 cayó una férrea dictadura instalada en 1876, que dominaba México al servicio del imperialismo yanqui y un puñado de grandes oligarcas terratenientes. Porfirio Díaz debió renunciar cuando le fracasó su decisión de reelegirse como presidente. Millones de campesinos, en su mayoría mestizos e indígenas, estaban sumidos en la miseria. Francisco Madero, un terrateniente e industrial de Sonora, hizo el 20 de noviembre un llamado a “tomar las armas” contra el Porfiriato. Gran parte de la patronal había roto con el dictador y hacía vagas promesas sobre el agobiante problema de la posesión de la tierra. Las masas campesinas tomaron en serio el llamado de Madero. Este asumió como presidente en junio de 1911, cuando las sublevaciones habían puesto en marcha una de las más grandes revoluciones campesinas de la historia.*


El Ejército libertador del Sur

En el sureño Estado de Morelos se desarrolló lo más avanzando de la movilización nacional de las masas campesinas. Al frente estaba Emiliano Zapata (1879-1919), comandante del Ejército Libertador del Sur. Su guerra revolucionaria contó con el apoyo sin reservas de la población. Se hicieron guerrillas, se vivieron años y años en una lucha armada para derrotar a los ejércitos federales (porfiristas, maderistas, huertistas y carrancistas), que mantuvo un foco revolucionario indomable.

En esa zona había muchos pueblos cuyos campesinos defendían sus tierras o buscaban recuperarlas, junto a las más modernas haciendas, que concentraba en los ingenios azucareros un numeroso proletariado agrícola. Esa fue la base social, campesinos pobres y obreros agrícolas, del zapatismo, Una densa población cercana a la capital que tenía una larga tradición de lucha y organización, venida de las guerras de la independencia y de la Reforma. Zapata era un campesino medio, mestizo, cuyas antepasados habían combatido en esas guerras.

La Comuna de Morelos

Si en 1910 Zapata era partidario de Madero, rápidamente tomó un curso independiente, en su determinación de lograr una revolución que asegurara las tierras para los campesinos. En noviembre de 1911, en una reunión en Villa de Ayala, se consumó la ruptura con el gobierno burgués, al cual ya estaban enfrentando con las armas. El 28 se aprobó el Plan de Ayala, que denunciaba la traición de Madero y presentaba el programa de la revolución agraria. Se proclamaba la recuperación de “los terrenos, montes y aguas” usurpados por los hacendados, y la expropiación (indemnizando un tercio de su valor) de las grandes propiedades “monopolizadas en una cuantas manos”, para repartirlas. A los patrones que se opusieran al plan, directa o indirectamente, se les expropiarían los bienes, para destinarlos a indemnizaciones de guerra y pensiones para las viudas y huérfanos de las víctimas de la lucha campesina. Formando un gobierno local, la Comuna de Morelos, los zapatistas dictaron leyes, resolvieron sobre el reparto de tierras, el abastecimiento, educación, sanidad, y acuñaron su moneda.

En el territorio del zapatismo existió una sociedad campesina igualitaria, impuesta y defendida por los hombres y mujeres movilizados y armados. Se formó un poder local, cuya pretensión era extenderse hacia el resto del país, para derrotar al poder burgués-oligárquico, defendido por el Ejército Federal.

Zapata buscó la unidad de los campesinos con el movimiento obrero y tuvo una visión internacionalista. Cuando llegó la noticia del triunfo del primer gobierno de los Soviets, en Rusia, lo celebró. En una carta del 14 de febrero de 1918 decía: “Uno y otro […] la Revolución Rusa y la revolución agraria mexicana […], van dirigidos contra […] la infame usurpación de la tierra, que siendo propiedad de todos, como el agua y el aire, ha sido monopolizada por unos cuantos poderosos apoyados en la fuerza de los ejércitos y la iniquidad de las leyes. No es de extrañar, por lo mismo, que el proletariado mundial aplauda y admire la Revolución Rusa, del mismo modo que otorgará toda su adhesión, su simpatía y su apoyo a esta Revolución Mexicana, al darse cabal cuenta de sus fines.”**

La emboscada mortal

En 1917 se aprobó una Constitución que, siendo burguesa, tenía disposiciones muy avanzadas. Además de la reforma agraria, conquistada por la insurrección campesina, había disposiciones como las ocho horas de trabajo diurno, prohibición del trabajo infantil, un mes de lactancia y protección de trabajos peligrosos o insalubres para las mujeres, el matrimonio como contrato civil y otras limitaciones muy importantes para el poder de las iglesias.

La revolución agraria fue retrocediendo, mientras se fortalecía el régimen burgués y capitalista. Al comienzo de 1919, las tropas federales habían ocupado las principales ciudades de Morelos. Zapata y algunos de sus jefes estaban refugiados en las montañas. A pesar de la presión del gobierno, quienes aceptaban la amnistía y abandonaban las armas, no cambiaban de bando. Las debilitadas fuerzas zapatistas recibían calladamente el abrigo, la protección e informaciones de sus fieles seguidores, el pueblo de las ciudades y el campo de Morelos.

El 10 de abril de 1919, cuando suponía que participaría de una reunión con un militar disidente del ejército federal, Zapata fue a la hacienda de Chinameca y cayó fusilado. El “oído” zapatista le había advertido de la emboscada, pero esa vez el jefe lo desechó. Su cuerpo fue exhibido en el pueblo de Cuautla, para que no se dudase de su muerte.

El ejército carrancista reprimió ferozmente en la región. Sin embargo, en la década del 20, el estado de Morelos era donde mayor proporción de las tierras había quedado repartida. Y el ejemplo de ese gobierno campesino local, quedó grabado para siempre, junto a la memoria de su jefe, Emiliano Zapata, en la larga lucha de las masas obreras y campesinas del mundo por su definitiva liberación del yugo capitalista.



* Véase El Socialista Nº15 (16/1105).
** Citada por Adolfo Gilly en La revolución interrumpida. Era, México, 1994.

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