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viernes, 14 de octubre de 2016

Muertes y símbolos


Por. María Esperanza Hermida

Despidiendo a Roberto Dominguez, quien fue directivo nacional y seccional del combativo sindicato de trabajadores tribunalicios de los '90, caemos en cuenta que hasta la forma en que se produjo su muerte pudiera simbolizar la fragilidad del sistema de seguridad social. Roberto apoyaba al proceso bolivariano, asi como buena parte de su familia y amigos, de manera que las líneas que siguen se escriben desde el dolor mayor, el afecto y el respeto.

El "negro" Roberto, como le decíamos desde nuestro lenguaje no racial ni discriminatorio, sino cariñoso, popular y enraizado en nuestros coloquios, fue un luchador social como muchos, nacido y criado en las lides por la defensa de derechos desde mucho antes del 4-F. Con Roberto transitamos el camino del movimiento "La Voz del Tribunalicio" hasta la creación de la Unión de Empleados Tribunalicios del Distrito Federal (UNET-DF). Juntos andamos en la primera huelga organizada por el liderazgo sindical clasista y autónomo que emergió en el Poder Judicial durante aquel efervescente año de 1989.


Roberto fue despedido arbitrariamente en 1990. Para entonces no se contaba con el amparo legal ni contratual a la acción sindical, y lo que se solía usar para defender el derecho al trabajo era demandar la nulidad del acto administrativo de destitución. Con las dificultades del caso, esta circunstancia condujo a Roberto a fortalecer su compromiso con la causa sindical y mientras se decidía su juicio, él optó por desempeñarse como secretario en la sede de la recién nacida Organización Nacional de Trabajadores Tribunalicios (ONTRAT). Nuestro amigo recibía un salario mínimo mensual como remuneración.

Para entonces ONTRAT había logrado, con sus primeras acciones de movilización y huelgas, importantes reivindicaciones. Alcanzó además un nivel de reconocimiento del empleador, que era el extinto Consejo de la Judicatura. Ello condujo a un aporte patronal para su funcionamiento y a la asignación de una sede para sus actividades, ubicada en el edificio Universidad, esquina La Bolsa, Caracas. De ese aporte se pagó el salario de Roberto, mientras estuvo despedido.

El "secretario" y directivo de la ONTRAT logró su reincorporación y lejos de irse del sindicalismo, prosiguió en su compromiso. Durante sus años de desempeño recorrió buena parte del país y su simpatía personal aunada a la seriedad con que cumplió sus tareas, le valieron ganarse el respeto de la dirigencia en varias regiones, asi como el cariño de los trabajadores. En dos oportunidades ocupó cargos en la comisión electoral de Caracas y a nivel nacional.

Participó como muchos trabajadores, desde su rol de conductor sindical, en las duras luchas por los derechos laborales que eran gravemente conculcados en la década de los '90. Fue parte de los equipos de seguridad en varias huelgas de hambre y organizador de marchas y tomas. Estuvo dos veces retenido por la GN por realizar actividades sindicales y aunque media humanidad judicial lo conocía, no era dado al escenario mediático. Su gusto era por el trabajo de hormiguita, emblema que usó en su primera contienda electoral. Roberto, estuvo más de una década en el Sindicato Unitario Organizado Nacional de Trabajadores de la Administración de Justicia, organización en la que se convirtió con los años la antigua ONTRAT.

En 2002 Roberto apoyó la tesis de hacer tienda aparte del SUONTRAJ y de esta forma, contribuyó a la creación de otra organización sindical. En ese esfuerzo, por cierto, Roberto no protagonizó luchas como las realizadas en su querida ONTRAT y SUONTRAJ.

Posteriormente, Domínguez fue trasladado a la Defensa Pública y durante unos años trabajó en la Asamblea Nacional. Jamás dejó de lado su vocación como luchador social y realizó diversas actividades para ayudar a la gente, especialmente trabajadores y a los más necesitados en Caricuao y en La Vega, ésta última su parroquia de origen.

Una afección hipertensiva junto con la falta de medicamentos que vivimos en el país y cierto estrés personal, se unieron para provocar un aneurisma que afectó su actividad cerebral. Como ya es usual, en la clínica privada donde se le llevó, la cobertura del seguro no alcanzaba para financiar la costosa intervención quirúrgica que requería. Se le trasladó a un hospital público donde los galenos afirmaron que el daño cerebral era ya irreversible y la intervención resultaba innecesaria.

Ramón Roberto Domínguez Robles se nos fue en 24 horas. Antes de su muerte y como no encontraba su tratamiento para la hipertensión, tomaba agua de yerbas.

A este otro hermano nuestro, su seguro tampoco le alcanzaba para atender su emergencia médica. Así estamos en seguridad social...


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