Pableysa Ostos
Correo del Caroní
Cada uno estaba haciendo algo distinto ese día. Quién sabe qué probabilidades había de que sus vidas se cruzaran, y cuántas de que quedarían marcadas para siempre por la misma tragedia. Porque fue esa tragedia la que los unió durante más de tres días en una misma petición, la que inició aquel sábado, cuando reclamaban los cuerpos de sus familiares.
A pesar de que han pasado seis meses de lo sucedido, creen que no obtuvieron eso que tanto anhelaban: justicia. Muchos de ellos siguen en contacto. Otros decidieron más nunca volver a una mina. Algunos simplemente no tuvieron otra opción y siguen trabajando en los yacimientos, pero difícilmente olvidan la masacre que ocurrió el 4 de marzo en Tumeremo, municipio Sifontes.
Cada uno estaba haciendo algo distinto ese día. Quién sabe qué probabilidades había de que sus vidas se cruzaran, y cuántas de que quedarían marcadas para siempre por la misma tragedia. Porque fue esa tragedia la que los unió durante más de tres días en una misma petición, la que inició aquel sábado, cuando reclamaban los cuerpos de sus familiares.
A pesar de que han pasado seis meses de lo sucedido, creen que no obtuvieron eso que tanto anhelaban: justicia. Muchos de ellos siguen en contacto. Otros decidieron más nunca volver a una mina. Algunos simplemente no tuvieron otra opción y siguen trabajando en los yacimientos, pero difícilmente olvidan la masacre que ocurrió el 4 de marzo en Tumeremo, municipio Sifontes.
Yoli Fermín era la esposa de José Gregorio Aguinagalde Nieves. Él fue uno de los 15 hombres que falleció en la vía que conduce a la mina Atenas cerca del sector La Fría. La mujer asegura que las promesas que les dio el Gobierno nacional y regional quedaron en eso… en promesas.





















