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domingo, 16 de junio de 2013

¿Cuál gobierno obrerista?



Por: Miguel Cabrera


Nicolás Maduro solo cumplió una “pasantía” en el Metro


Muchos honestos trabajadores y activistas sindicales seguidores del proyecto chavista, sembraron sus expectativas en Nicolás Maduro y le respaldaron electoralmente el pasado 14 de abril, convencidos que su pasado laboral como conductor de autobús en Metro Caracas, era una buena carta de presentación y garantía de que una vez posesionado como Presidente de la República atendería con esmero, sin discriminación, ni arbitrariedad y mucho menos sin represión, los justos reclamos de la clase trabajadora venezolana.

Estos abnegados trabajadores, que confiados atendían el último llamado que les hiciera el Presidente Chávez de respaldar a Nicolás Maduro en caso de presentarse un hecho sobrevenido, lejos estaban de imaginarse de que el ex trabajador del Metro y heredero político de Chávez, en poco menos de cinco meses como Presidente, encargado y electo, dejaría en el piso hecho girones las bragas que alguna vez lo identificaron como trabajador. Era y sigue siendo difícil para estos compañeros trabajadores que han creído durante muchos años en el supuesto carácter socialista del proyecto chavista, prever que este gobierno que desde los tiempos del Presidente Chávez se auto califica como “obrerista”, terminaría al final del camino atacando precisamente a los propios trabajadores.

Orlando Chirino, quien además de ser un honesto luchador tiene la virtud de ser bastante gráfico al momento de hacer calificaciones políticas, dijo un buen día, que los dirigentes sindicales “rojo-rojitos” eran como jarrones chinos, es decir, simplemente sirven de adorno. En otra oportunidad, expresó que los aumentos salariales unilaterales decretado por el ejecutivo nacional, eran tan limitados que ni siquiera alcanzaban para tomarse un café diario.

Y no hace mucho, cuando se decretó en febrero pasado la devaluación en un 46,5% el signo monetario nacional y un periodista le interrogara sobre qué opinaba del hecho de que esta medida anti popular fuera adoptada por el Presidente- Trabajador, Chirino no dudó y se apresuró en corregirle, diciendo que Nicolás Maduro nunca había sido trabajador, sino que simplemente había cumplido un ciclo de “pasantía” en el Metro.

Obviamente Chirino al decir que Maduro había cumplido una “pasantía” en el Metro de Caracas en ningún momento quería con ello desacreditar al Presidente de la República, sino realizar una necesaria y precisa calificación política de clase social. Es decir Chirino reconocía que en el mejor de los casos Nicolás Maduro había sido un trabajador “en sí”, en su época de conductor en el Metro, pero nunca un trabajador “para sí”; categorías que inteligentemente utilizó Carlos Marx para diferenciar a un individuo que a diario se levanta para ir a su trajo, utilizar sus músculos y su cerebro durante determinadas horas de jornada laboral, recibiendo a cambio un salario el 15 y último, el cual es completamente distinto de otro individuo trabajador que además de cumplir un horario de labores y percibir un salario, es conocedor de su posición y situación histórica en la sociedad y es plenamente consciente que tiene intereses y establece relaciones sociales antagónicas en el plano económico, político y social con los propietarios de los medios de producción, es decir con los empresarios nacionales e internacionales, sus partidos políticos y los gobiernos que les representan.

En tal sentido, Luiz Inácio “Lula” da Silva y Nicolás Maduro, tienen muchísimo en común, ya que a ambos los podemos catalogar como trabajadores “en sí”, pero jamás tuvieron conciencia de clase, razón que explica por qué cuando fueron jefes de gobierno siempre ejecutaron planes y medidas al servicio de los empresarios, las multinacionales, mientras atacaron los derechos de la clase trabajadora.

El caso de Nicolás Maduro es mucho más que evidente. Por ejemplo, un día le preguntaron si había soñado con ser Presidente de la República, y en forma honesta el respondió más o menos de la siguiente forma: nunca fue esa mi meta, me bastaba con ser un soldado de la revolución y ser leal al Comandante Chávez. En resumen su estrategia era estar al servicio de un proyecto encabezado por elementos extraños a la clase trabajadora, cuyo propósito no era la emancipación de los trabajadores, sino edificar un proyecto de corte nacionalista, sin romper con la burguesía, por el contrario alimentarla.

Las actuaciones esmeradas frente a Lorenzo Mendoza y el resto de la burguesía dan buena prueba que Nicolás Maduro no tiene como norte la ruptura con ellos, sino gobernar con ellos y para ellos. Los compromisos con el gobierno de Santos y los renovados intentos para normalizar las relaciones con Estados Unidos y España indican otro tanto. El endeudamiento con la Chevrón y multinacionales chinas y rusas, hipotecando a Pdvsa, son ejemplos más palpables.

Pero lo más ilustrativo es su actuación frente a los reclamos de los docentes universitarios y la militarización de Ferrominera Orinoco con el innoble propósito de quebrantar la huelga y desconocer los derechos de los trabajadores. Esta es la prueba reina que corrobora que Nicolás Maduro fue trabajador “en sí”, en el pasado, pero en la actualidad gobierna para otra clase social, para los empresarios. Cuánta razón tuvo entonces Orlando Chirino al hacer esa calificación de Nicolás Maduro, como un individuo que simplemente cumplió una “pasantía” en El Metro.

Retomando la reflexión inicial de que aún hay muchos trabajadores que no logran visualizar ni ser conscientes de cuál es el papel de Nicolás Maduro en Venezuela ni cuál fue el de Lula da Silva en Brasil; debemos decir que una de las principales tareas de la izquierda revolucionaria es contribuir mediante la propaganda política a develar el contenido político, económico y social del chavismo, de tal forma que la clase trabajadora alcance conciencia plena de que debe luchar por ser gobierno y gobernar para sí, es decir a favor de la inmensa mayoría del país, y no como sucedió antes y durante la V República, en la que se beneficiaron y enriquecieron pequeños cogollos a costa de nuestros derechos y nuestras esperanzas.

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