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martes, 25 de julio de 2017

Reflexiones en voz alta: Consulta (plebiscito) Vs Paro cívico nacional


Por Emilio Bastidas*

En el marco de la poderosa rebelión que se escenifica en Venezuela y con menos de 96 horas de diferencia se desarrollaron dos importantes eventos de protesta en contra del gobierno. La primera, denominada como la Consulta Popular, se realizó el domingo 16 de julio. La segunda actividad fue el paro cívico nacional de 24 horas que se llevó a cabo el pasado 20 de julio.

Más allá del indudable éxito que caracterizaron estas dos acciones de protesta y del fuerte impacto que ellas tuvieron sobre el cada vez más alicaído gobierno que encabeza Nicolás Maduro, se puso en evidencia que por su convocatoria, naturaleza, objetivos, preparación y realización, hubo entre ellas inocultables e importantes diferencias, sobre las cuales es necesario reflexionar y extraer conclusiones para el futuro inmediato en esta dura batalla contra el gobierno del presidente Maduro.


Sobre la Consulta Popular

Esta primera actividad, fue convocada en forma unificada por la dirigencia de MUD en un pomposo acto, fue inicialmente conocida como Plebiscito y finalmente denominada como Consulta Popular y se desarrolló el domingo 16 de julio. En ella, se les interrogaba a los ciudadanos y ciudadanas mayores de edad, inscritos o no en el registro electoral, su respaldo o no a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente hecha por Presidente Maduro; sobre el exhorto a las fuerzas armadas a cumplir su rol constitucional y por último sobre la conformación de un Gobierno de Unidad Nacional como salida a la crisis que vive la nación.

La naturaleza del evento, fue de corte electoral. Se trataba de movilizar a millones de venezolanas y venezolanos a depositar en una urna, respuestas positiva o negativa a tres preguntas específicas definidas por la cúpula de la MUD. Es interesante observar que este tipo de actividad contrastaba de lejos con la gran mayoría de acciones que han prevalecido desde el pasado 1 de abril, en las que se destacan las acciones de movilización y confrontación callejera en contra del gobierno y el aparato represivo del estado. Es innegable también que dicha actividad, por más que se asegurara lo contrario no tenía un carácter vinculante, ni mayor impacto jurídico. Eso sí, su gran repercusión terminaría siendo, indudablemente, política.

En el objetivo estaba la gran trampa. Aprovechando el mayoritario repudio que la población siente hacia el gobierno de Maduro y su propuesta fraudulenta de Asamblea Constituyente, la dirigencia agrupada en la MUD metió de contrabando dos preguntas, que en ningún sitio del país fueron, eran, ni son grandes temas de discusión por ahora. Tenían claro los dirigentes de la MUD que millones de personas saldrían a repudiar la Constituyente, razón por la cual aprovecharon la oportunidad para intentar lavarle la cara a las Fuerzas Armadas, rogándoles con la segunda pregunta un supuesto apego a la Constitución Nacional, cuando todos bien sabemos que ellas constituyen el aparato coercitivo con el que cuentan las clases dominantes en el poder para reprimir a la población cuando ésta se moviliza en demanda de sus derechos, tal como sucedió en el caracazo en el año 1989 o en los tiempos presentes bajo el régimen de la V República. Y por último se aseguraron, con una tercera pregunta, obtener un “mayoritario consenso” sobre la perspectiva de un gobierno de Unidad Nacional, en el que cabrían “todos” los venezolanos, incluido el chavismo, sin retaliaciones, plena impunidad, ni pase de facturas en el futuro, como salida a la actual crisis económica, política y social que vive la nación.

Estas preguntas, que no tenían nada de inocentes colocan al desnudo la esencia de la dirigencia mudista, quienes prefieren a toda costa la negociación tras bambalinas con Maduro y su entorno, antes que potenciar la iniciativa popular para que cumpla su objetivo de sacar a patadas al gobierno a Maduro y la institucionalidad que le rodea, sin ningún tipo de concesiones, ni impunidad. Es cierto que el espíritu “revolucionario” de la burguesía desapareció hace más de ciento cincuenta años, por lo cual sería erróneo forjarse en algún momento una falsa expectativa con la MUD, pero si ha servido la ocasión para corroborar su espíritu cobarde, que temen como a la peste a la población y para ello están dispuestos a todo lo que sea necesario para desactivar la movilización y la lucha callejera cuando grandes contingentes de la sociedad salen a dar la batalla para defender sus derechos.

Consecuentes con su agenda negociadora y su perspectiva electoral, la MUD dejó en manos de los Comités de Rescate de la Democracia -en los que evidentemente tiene mayor peso a través de su militancia política-, la tarea de preparar y realizar la Consulta Popular, no sin antes asegurarse que los sectores más dinámicos de la población que juegan papel de vanguardia en la lucha de calle contra el gobierno como los jóvenes de las urbanizaciones, de las comunidades y del sector estudiantil, muchos de ellos agrupados en los grupos de La Resistencia, queden excluidos de las tareas de montaje de centros de votación y garantes de la seguridad, la combatividad y la transparencia del proceso. Obviamente, esta política deliberada de la MUD expresa la incompatibilidad de objetivos entre ellos como dirigentes políticos de los partidos políticos tradicionales frente a los que se juegan a diario la vida en esta batalla.

El éxito de la jornada de Consulta Popular, estaba asegurada de antemano. El profundo odio que la población le profesa al Gobierno de Maduro y las grandes ilusiones parlamentaristas y democrático-burguesas que durante la IV y la V República los gobiernos adeco-copeyanos primero y los chavistas después se han empeñado en sembrar entre la población, son la base de los extraordinarios resultados de la Consulta.

Resultados que pudieron ser más contundentes, si las preguntas hubiesen sido más sencillas, más directas, sin trampas y más en sintonía con el sentimiento popular. Preguntémonos que hubiese sucedido si sólo se hubiesen hecho dos preguntas como las siguientes: ¿Está usted de acuerdo o no con la Asamblea Constituyente convocada por Nicolás Maduro? y una segunda, ¿Está usted de acuerdo o no en que cese de inmediato el mandato presidencial del ciudadano Nicolás Maduro?

Sobre el paro cívico nacional

En apariencia la convocatoria fue realizada por la MUD. Y digo en apariencia, porque si vamos al fondo del hecho, se puede observar que esta actividad, como todas las que han convocado a la población a la calle, obedece a la presión que desde abajo se les impone a los dirigentes de la oposición. La euforia de los participantes en la consulta y la exigencia de nuevas y mayores acciones de lucha forzaron la barra para que la MUD accediera a convocar al paro cívico nacional. Paro Cívico que por cierto muchos entendían como la continuidad de la jornada de Consulta, pero que habilidosamente la MUD postergó por cuatro días con la vana esperanza de dar un respiro al gobierno para que “reflexionara”, esperar un mensaje de disposición al diálogo que nunca llegó y obviamente una pérfida intención de echarle un balde de agua fría a los luchadores durante 96 horas.

De la naturaleza del evento podemos decir que se trata de una acción de calle, de confrontación directa con el gobierno, las fuerzas armadas y las bandas paramilitares (colectivos). Pero tiene además una connotación especial, ya que pone sobre el tapete la discusión sobre el rol del empresariado y de los trabajadores frente a esta acción, ya que la filosofía del paro, así sea de carácter cívico o ciudadano, de una u otra manera se dirige a entrabar el normal funcionamiento del aparato productivo y el desarrollo de las actividades económicas del país.

Se deduce entonces, que el epicentro de la lucha empieza a bascular de las urbanizaciones y sitios de residencia, del entorpecimiento del tráfico a las avenidas principales y de las autopistas, hacia los centros de producción, de distribución y venta de mercancías, así como de funcionamiento de los medios de transporte, fundamentalmente. Y por otra parte, da el puntapié inicial para que los trabajadores, como sector social específico de la sociedad asuman una posición frente a la actual coyuntura. De allí que la naturaleza de la lucha y su base social, empiezan a brindarle un cambio de calidad a la lucha en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

En términos de objetivos el paro cívico, a contramano de las aspiraciones de la dirigencia de la MUD, vuelve a colocar como centro de la agenda la lucha contra la fraudulenta asamblea constituyente y la salida de Maduro por la vía de la movilización, sin ningún tipo de negociación que le asegure impunidad y perdón a sus fechorías. Al respecto podríamos decir, que no hay una sola fotografía de la acción de paro del 20 de julio en la que se vea a participantes portando un cartel o voceando la consigna: ¡Viva el gobierno de Unidad Nacional!, lo que significa que la rebelión popular que hoy conmueve al país sigue gozando de buena salud a pesar de los embates subrepticios de la dirigencia de la MUD por desactivarla.

Y el hecho más diciente del desprecio que la MUD siente por la movilización y la lucha directa, es que desde la Asamblea Nacional, los dirigentes de la oposición tuvieron una agenda muy ocupada en otras actividades que nada tenían que ver con la preparación y realización del paro cívico nacional. Por ejemplo, fue la semana en que los diputados se concentraron a elaborar, fundamentar y explicar el contenido del programa del Gobierno de Unidad Nacional. Cuando las trancas en varias ciudades comenzaron a realizarse desde el martes 18 de julio, de inmediato estos dirigentes se apresuraron a desconocerlas afirmando que no eran parte de su agenda. Dejaron librados a su propia suerte a los Comités de Rescate de la Democracia para que prepararan el paro alrededor de los sitios en donde se instalaron los centros de votación. El día miércoles, a escasas horas del Paro Cívico no hicieron publicidad alrededor de esta importante acción y en forma sorprendente por lo perverso, anunciaron que su gran actividad estaba centrada en la elección de los nuevos integrantes del TSJ y la convocatoria a una mega-movilización para el sábado 22 de julio para aclamarles.

Sin embargo la realidad y la contundencia de la rebelión, se sobrepuso a estas talanqueras impuestas desde la dirigencia de la MUD, garantizándose de hecho una paralización cercana al 65% de la población, que tomó conscientemente la decisión de quedarse en su casas y no ir a sus sitios de trabajo. Igualmente, alrededor de un tercio de los sitios de votación que operaron para la Consulta Popular se desarrollaron acciones de lucha directa con barricadas, distribución de publicidad, agitación y enfrentamiento cuando la Guardia Nacional y los Colectivos quisieron agredir a los manifestantes. Frente a este resultado tan contundente fue vergonzoso, como no podría ser de otra manera, que la dirigencia de la MUD diera el “agradecimiento” a los empresarios que no tomaron represalias, en vez de hacerlo a quienes se lo merecían que fueron los trabajadores que tomaron la decisión de ausentarse de las actividades laborales y sumarse en horas de la tarde a la defensa de las barricadas y luchas en las comunidades.

Es fácil imaginarse que sucederá cuando al frente de estas movilizaciones, paros cívicos o huelga general se encuentren verdaderos dirigentes de los trabajadores, que hayan luchado, no sólo en los últimos meses, sino desde hace años en contra del plan de ajuste económico que se inició en vida del Presidente Chávez y que hoy tiene su continuidad en la obra de gobierno de Nicolás Maduro. Esta es la enorme perspectiva que empieza a desplegarse, en donde la clase trabajadora en forma autónoma y políticamente independiente de la dirigencia de la MUD y del Psuv, pero muy ligada a la actual rebelión, empiece a disputarse el papel de vanguardia y acaudille a todos los sectores que se juegan por la salida de Maduro para detener este desastre de hambre, miseria y represión. Por allí vienen los tiros y a ello hay que apostar.

A modo de conclusión

Hemos querido ofrecer las diferencias entre estos dos eventos, no porque choquen entre sí, ya que está claro que ambas fueron espectaculares demostraciones de protesta de la población frente al gobierno; sino porque es obligatorio seguir paso a paso el desarrollo de la actual confrontación, que nos permita ser más firmes que nunca en las estrategias de fortalecer la movilización de la población y construir una nueva dirección verdaderamente consecuente que vaya hasta el final en esta ruda batalla contra el gobierno y su entorno institucional.

Quienes desde el bando de la izquierda revolucionaria alentamos y nos vinculamos a las acciones de calle que se emprendieron en Venezuela desde el 1 de abril, lo hicimos con la expectativa que la agudización del enfrentamiento inevitablemente conllevaría a un enfrentamiento entre los que luchan contra los que dirigen por diferencias entre los métodos de trabajo, las consignas, las estrategias y los programas políticos, discrepancias que ahora están empezando a materializarse. La decisión consciente del pueblo trabajador de querer tomar el presente y el futuro en sus manos nos hacen ser bastante optimistas, a pesar de la fortaleza actual, de los graves obstáculos y de las trampas que a diario coloca la dirección de la MUD.

Si se logra la victoria por la vía de la movilización, objetivamente las condiciones en el país hacia el futuro mejorarán y nos permitirá estar en mejores condiciones para enfrentar a quienes en nombre de un Gobierno de Unidad Nacional, si es que se impone, quieran darle continuidad a los planes de ajuste a nombre del sacrificio para sacar al país adelante.

Por lo pronto, es preciso seguir teniendo confianza en la población movilizada, la MUD aún es fuerte, pero se están dando los primeros síntomas de auto-organización, auto-convocatorias, autonomía e independencia política. Ese es el futuro prometedor.

*Dirigente de la Corriente clasista unitaria y revolucionaria y autónoma-Ccura

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