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miércoles, 6 de marzo de 2013

Tras las huellas del chavismo: división y atomización sindical

María Esperanza Hermida Moreno 
Militante de C-CURA 

Cumpliendo con la consigna de “demoler” a la CTV, enarbolada en su campaña electoral, durante el primer año de su gobierno y luego de aprobada la Constitución, Chávez asestó el golpe más certero que se le haya dado a la burocrática dirección del sindicalismo venezolano, enquistada en esa central y sus federaciones nacionales y regionales. El gobierno ordenó y ejecutó a través del Consejo Nacional Electoral (CNE), su Resolución No. 001115-1979 del 15.11.2000, organizando un referéndum para consultarle a la población en edad de sufragar, en todo el país: ¿Está usted de acuerdo con la renovación de la dirigencia sindical, en los próximos 180 días, bajo Estatuto Especial, elaborado por el Poder Electoral, conforme a los principios de alternabilidad y elección universal, directa y secreta, consagrados en el artículo 95 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y que se suspendan durante ese lapso en sus funciones a los directivos de las Centrales, Federaciones y Confederaciones Sindicales establecidas en el país? A pesar del 80% de abstención que caracterizó la participación de la población en esa consulta, el gobierno instrumentó la defenestración. Los resultados “positivos” de esta actuación, se desconocen: no mejoraron las condiciones de vida, ni de trabajo; tampoco se elevó la capacidad de incidencia eficaz y efectiva de la clase trabajadora en las decisiones gubernamentales que guardan relación con sus intereses.


El espectro de las elecciones sindicales y la decisión del destino de las organizaciones sindicales, reservado históricamente para la clase trabajadora, sería objeto desde ese referéndum, de una intromisión gubernamental que nunca antes se había materializado, excepción hecha de las dictaduras del siglo XX, donde fueron proscritos los sindicatos. No se conocía el nuevo mecanismo de injerencia y al mismo tiempo, sustitución – intervención de las organizaciones sindicales electas bajo el mecanismo de segundo grado y en los sindicatos de base, inaugurado por el gobierno chavista en el año 2000. Señalaba PROVEA en su Informe del período 2000 – 2001, que como consecuencia de aquel referéndum: “…Decenas de dirigentes de las federaciones sindicales fueron automáticamente destituidos de sus cargos, así como los miembros de los comités ejecutivos de las 4 centrales obreras.” A partir de entonces, se desarrollaron las más variadas y rebuscadas formas para domesticar lo que podía o pudo ser un movimiento sindical combativo, fuerte y capaz de participar en el gobierno con voz propia. De manera sistemática, el chavismo impidió de hecho, la consolidación de un nuevo modelo sindical, dotado de propuestas clasistas, de poder de convocatoria y de movilización. Si bien se desmanteló progresivamente el sindicalismo existente en Venezuela hasta 1998, el movimiento sindical que creció bajo la sombra del gobierno chavista, degeneró en un archipiélago de organizaciones paralelas, carente de una estructura de coordinación coherente, acéfalo de una concepción clasista y absolutamente tutelado por el Estado. Por cierto, a 14 años de 1999, la CTV aún respira… igual lo hacen la CGT y la CUTV, a las que se le suman las centrales chavistas. En total 5 organizaciones nacionales y ninguna respetada por la patronal o por el gobierno.

Bajo la sombra gubernamental nacieron al menos 3 centrales sindicales en estos años y sobreviven 2 de ellas. La Unión Nacional de Trabajadores (UNETE), fue una de las experiencias para aglutinar a la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT) con otras corrientes. Pero en su interior, la UNETE estuvo muy lejos de operar como plataforma para un proceso de articulación y convergencia. En su seno se expresó la pugna entre la concepción que sostiene la tesis de la independencia y autonomía de la clase trabajadora, respecto a la patronal y al gobierno, contra quienes conciben a las organizaciones sindicales como un brazo ejecutor de las políticas laborales del gobierno de turno y cercenan el derecho legítimo de los trabajadores a desarrollar y profundizar la lucha de clases. Este combate ideológico, condujo al fraccionamiento y atomización orgánica de las tendencias sindicales que apoyan al gobierno y al final, ninguna tuvo suficiente cualidad, voluntad o fuerza para dialogar con las corrientes sindicales tradicionales, alejándose la ansiada unidad orgánica de la clase trabajadora venezolana. Entre los grupos del sindicalismo chavista están la Fuerza Socialista Bolivariana de Trabajadores (FSBT), una escisión de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT), bajo la jefatura de Oswaldo Vera; Autonomía Sindical, liderada por Orlando Castillo; Movimiento de Trabajadores Revolucionarios “Alfredo Maneiro”, con Franklin Rondón liderándolo; el Colectivo de Trabajadores en Revolución (CTR), bajo el liderazgo de Marcela Máspero y el grupo de Marea Socialista, con Gonzalo Gómez y Stalin Pérez Borges. Además, la Corriente Clasista, Unitaria, Revolucionaria y Autónoma (C CURA), liderada por Orlando Chirinos, que apoyó hasta 2006 al gobierno y se separó de la UNETE para buscar otros escenarios de incidencia política más eficaces, reivindicando la independencia de la clase trabajadora de la patronal y del gobierno.

La vida de la Unión Nacional de Trabajadores (UNETE) comenzó el 5 de abril de 2003, reuniendo aquella diversidad de factores sindicales. Pero al poco tiempo de aglutinar las fuerzas que enfrentaron el paro petrolero del 2002, quedó evidenciada la imposibilidad de la UNETE como instrumento para una convivencia creativa, unitaria y organizada de estas corrientes, carente de perspectivas para impulsar el carácter revolucionario del movimiento de los trabajadores. Una manifestación de sus desacuerdos lo representa su incapacidad para tan siquiera aprobar sus estatutos y formalizar su constitución ante las autoridades del trabajo. Ello, a pesar de los congresos efectuados en 2003, para su constitución y en 2006, denominado por muchos como el punto de inflexión que da inicio a su desmembramiento, a raíz de los hechos violentos que se suscitaron durante su celebración. En ese Congreso de 2006, se produjo la ruptura de C-CURA con la UNETE, haciendo valer su deslinde con el sector que pretendió la sumisión absoluta de las organizaciones de la clase trabajadora, a las directrices del gobierno.

Pero por otra parte, el desacuerdo respecto a los objetivos del movimiento sindical chavista, su falta de unidad y los conflictos internos, condujeron a la sucesiva separación de varias de estas tendencias. Algunas de ellas intentaron formar una nueva organización sindical nacional en el año 2008, denominada Central Socialista de Trabajadores, avalada por el ex ministro del trabajo, José Ramón Rivero y el diputado oficialista Osvaldo Vera. El 1 de agosto de 2008 efectuaron su asamblea constitutiva y el 9 de octubre de ese año hicieron la entrega formal de la documentación requerida para su registro ante el Ministerio del Trabajo. La base con la cual se creó esta central, cuyo presidente sería Oswaldo Vera, fue la Fuerza Socialista Bolivariana de Venezuela (FSBT), Autonomía Sindical, y el Movimiento de Trabajadores Revolucionarios “Alfredo Maneiro. Sin embargo, la legalización de esta central no fue autorizada por la presidencia de la república. Así, la UNETE fue perdiendo eficacia organizativa y progresivamente se vació. Marea Socialista, también se separó para integrar otra central, esta vez creada por el propio Chávez en 2011. Sólo Marcela Máspero se quedó en UNETE.

Orlando Chirino señala que en este período a pesar de que se crearon las condiciones para avanzar en la unificación sindical venezolana, no se alcanzó. “…hubo dos momentos para unificar el movimiento sindical. El primero fue en el año 2001, luego de conocerse los resultados de las elecciones de la CTV y antes del paro petrolero. El otro momento fue justo después del paro petrolero, cuando se derrotó a la burocracia. Sin embargo, estas dos oportunidades fueron desperdiciadas por el movimiento sindical chavista, ya que no hubo voluntad política para organizar una poderosa central sindical. ”

En opinión de Carlos Navarro de ASI, los resultados de la actividad sindical chavista, desde el punto de vista organizativo pueden resumirse de la siguiente manera “…aunque hicieron varios esfuerzos, que involucraron a varias expresiones del movimiento sindical, nunca hubo un esfuerzo sincero, honesto, para pensar en un proceso unitario sindical en desarrollo, en formación. Había muchas agendas ocultas, muchas heridas históricas entre los dirigentes. Hubo falta de trasparencia y autenticidad y eso alimentó la imposibilidad de fortalecer un proceso de unidad orgánica consistente.”

Por su lado, la zigzagueante historia de la CTV en el período chavista, no se separa en mucho de las vicisitudes del oficialismo sindical. De hecho, un año antes del referéndum, específicamente el 8 de abril de 1999, un congreso extraordinario ya había aprobado la reforma estatutaria y del reglamento electoral para efectuar las elecciones directas y secretas de su junta directiva. Sin embargo, la falta de acuerdo entre las representaciones de los partidos políticos que dirigían a la CTV, demoró la ejecución de la convocatoria. Aunado a ello, la ausencia de respuestas por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE), introdujo mucha incertidumbre sobre la autonomía para adelantar las elecciones sin su participación, ya que la constitución de 1999, imponía en su artículo 293, la actuación de este organismo en la organización de los comicios. No obstante, el CNE aprovechó la confusión suscitada por las nuevas normas constitucionales y la dilación de la dirigencia cetevista, para emitir la resolución ordenando el referéndum sindical del año 2000.

La Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT) vino a ser, entre 2000 y 2001, la primera experiencia sindical del chavismo en el gobierno. Estuvo compuesta por muchos militantes del principal partido de la coalición gobernante, junto con militantes del PPT, PCV, PST y otras organizaciones que se reivindicaban de izquierda y participó en las elecciones de la CTV, en octubre de 2001, con la plancha 25. Aunque ese proceso electoral representó un escenario para el enfrentamiento de todas las fuerzas sindicales existentes en Venezuela y una oportunidad inédita, ni el chavismo y mucho menos la dirigencia cetevista, aprovecharon esta circunstancia, para adelantar un verdadero proceso de unificación sindical.

Participaron en los comicios de la CTV en 2001, Acción Democrática, COPEI, el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) y Bandera Roja, cuya plancha fue la número 1, que se denominó Frente Unitario de Trabajadores; la Causa R y el Movimiento al Socialismo (MAS) no chavista, que se expresaron a través del Movimiento Primero de Mayo, en la plancha 4; la Alianza Sindical Independiente (ASI), integrada por dirigentes del Movimiento Nacional de Trabajadores por la Liberación (MONTRAL), muchos de los cuales provenían del antiguo Frente de Trabajadores Copeyanos (FTC), y sindicalistas independientes de militancia partidista, con la plancha 7; el Frente Constituyente de Trabajadores, liderado por Froilán Barrios; y finalmente, Reina Sequera, con una fórmula disidente de la FBT. El Colectivo de Trabajadores en Revolución (CTR) liderado por Marcela Máspero, se alió con la FBT.

En medio de unos controversiales resultados y denuncias de fraude, el Comité Ejecutivo de la CTV quedó integrado mayoritariamente por AD (con 12 cargos), 1 cargo para COPEI, 1 para Bandera Roja, 1 para la Causa R, 1 para el MAS no chavista y 1 para el MEP. ASI (plancha 7) nunca se integró a la directiva de la CTV. Tales resultados fueron desconocidos por la FBT y ASI. Incluso Aristóbulo Istúriz (plancha 25) introdujo un recurso de nulidad ante el CNE. El organismo comicial tardó 3 años y medio en pronunciarse[1]. Siete años después, el CNE exhortó a las organizaciones sindicales “…que pertenecen a la CTV, a convocar válidamente un Congreso Nacional de Trabajadores…”[2] Lo cierto es que la directiva nacional de la CTV está en un franco proceso de desmembramiento desde su participación en la organización y desarrollo del paro petrolero y sabotaje de 2002. Con un presidente prófugo de la justicia y asilado en Perú, las contradicciones en el seno de su directiva se han profundizado. No obstante, la unificación de organizaciones sindicales en el ámbito internacional, han influido en la falta de voluntad para el deslinde definitivo de posiciones.

Desde el año 2010, algunos integrantes del comité ejecutivo cetevista, iniciaron un camino de diferenciación, cuyos resultados se cuecen a fuego lento. Froilán Barrios del otrora Frente Constituyente, Pablo Castro (quien pasó de ser militante del MEP a UNT) electo en la plancha 1 del FUT, Dick Guanique de Bandera Roja (suplente de Pedro Arturo Moreno) y Rodrigo Penso, del Movimiento Primero de Mayo, decidieron conformar el Movimiento Solidaridad Laboral (MSL). A este espacio se incorporó C-CURA, Orlando Chirino y dirigentes sindicales independientes de militancia partidista, dando origen al Frente Autónomo por la Defensa del Empleo, el Salario y la Seguridad Social. Esta experiencia puede contar como uno de sus principales éxitos, la liberación del dirigente sindical Rubén González en 2011, detenido por organizar una huelga en la empresa del Estado Ferrominera del Orinoco, así como la movilización de importantes sectores sindicales que retomaron confianza en la posibilidad de impulsar niveles de articulación y acciones de protesta, superando el burocratismo cetevista y la conciliación de clases del sindicalismo chavista.

Como corolario de estas ideas para el debate sobre las huellas del chavismo en el terreno sindical, resulta evidente que sus diferentes tendencias, excepción hecha de C-CURA, contaron con el poder institucional del gobierno, con los recursos económicos provenientes de organismos del Estado, como el Ministerio del Trabajo y PDVSA, y tuvo además el apoyo de la Asamblea Nacional por la condición parlamentaria ostentada por sus principales jerarcas, entre ellos el hoy Presidente encargado de la República, Nicolás Maduro. Ese sindicalismo oficialista lo que nunca tuvo y lo que no tiene es la voluntad de crear una central sindical combativa, autónoma, independiente y unitaria. Por ello, la situación de la clase trabajadora hoy, más allá de la desaparición física de Hugo Chávez, es similar a la del 1998, en el terreno organizativo sindical. Ese es el legado del gobierno chavista: una clase trabajadora desarticulada en su organización, atomizada en su capacidad de incidencia ante el gobierno y con una conciencia revolucionaria de sí misma, que aún dista mucho de la posibilidad de verse convertida en la vanguardia organizada de la transformación social del país.

María Esperanza Hermida Moreno
Militante de C-CURA 





[1] Resolución N° 050112-001 del 12.01.2005, publicada en Gaceta Electoral No. 231 

[2] Resolución Nº 120119-002, del 06.02.2012, publicada en Gaceta Electoral Nº 596







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