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domingo, 7 de julio de 2013

¡Disparen, que allá va Evo con Snowden!

Daniel Samper Pizano
06 de Julio del 2013
EL TIEMPO

El indigno trato al avión presidencial boliviano muestra hasta dónde piensa llevar Washington la cacería de Snowden y la cobardía de los europeos.

Barack Obama dijo en Dakar el 27 de junio: “No voy a enviar un caza a reacción para detener a un pirata informático de 29 años”. Pero le faltó poco para hacerlo, a juzgar por el bochornoso episodio de hostigamiento y retención (otros lo llamaron “secuestro”) del avión del presidente boliviano Evo Morales en Europa una semana después. Nadie duda de que las presiones de Washington motivaron la cobarde actitud de varios gobiernos europeos. En esa misma ocasión, Obama agregaba: “Haremos todo lo posible para que Edward Snowden sea detenido y juzgado”. Esa era la clave, claro: faltaba la palabrita mágica: “legalmente”. Ahora entendemos que la ausencia de tal condición no era un mero olvido de este presidente que cada vez es más Bush y cada vez menos Carter. Quedamos notificados de que Washington pasará por encima de cualquier ley para atrapar y juzgar a Snowden.


¿Qué se pretendía al negar al avión boliviano el paso por cielos europeos y el aterrizaje en el continente? ¿Que cayera al agua? ¿Que buscara socorro en el África? Al final, fue allí, en las islas Canarias, donde pudo tanquear, después de que graciosamente España lo aceptara: España, que, por sus vínculos con América, ha debido ser la primera en protestar.

Temían que Snowden viajara hacia el exilio al lado de Evo. No me digan que los Estados Unidos, que espían desde hace años al mundo entero –los secretos de Estado alemanes, las comunicaciones de la ONU, el Facebook de mis nietas– se muestran incapaces de saber si el hombre más buscado del globo se subió a un avión en el aeropuerto de Moscú o está escondido en el baño de señoras.

El acoso a la nave de Morales expone la triste idea que, desinflada toda retórica, tienen los gobernantes europeos sobre nosotros: en este verde planeta donde todos bailamos cogiditos de la mano como si fuéramos iguales, seguimos siendo pueblos de segunda, colonizables e irrespetables. Muy gallitos los franceses y sus vecinos al protestar por el espionaje gringo, pero acabaron poniendo temblorosos huevos cuando el Hermano Mayor dio una palmada en la mesa. ¿Se imaginan lo que habría pasado si en Surámerica el avión presidencial francés hubiera sufrido el ignominioso trato que padeció el de Evo? Como mínimo, escuadrones de Mirages en el firmamento, expulsión de embajadores y suspensión de tratados comerciales. Pero como eran los indiecitos latinoamericanos, pas de problème. Los gobiernos europeos agradecen a Snowden que hubiera desnudado las trampas de que son víctimas. Pero habrían disparado contra el avión boliviano si en él hubiera viajado el valeroso informante que reveló la magnitud del espionaje estadounidense. Pregunto: ¿qué diablos hace Colombia en la Otán, el club militar de estos señores?

Resulta grotesco el espectáculo del todopoderoso imperio persiguiendo a un inerme ciudadano. Y lo peor es que la cacería relega a segundo plano la discusión de fondo: el espionaje ilegal y universal al que todos estamos sometidos. Ese es el tuétano del asunto.

ESQUIRLAS. 1) Cumple cien años el que muchos consideran el más bello bambuco colombiano: Cuatro preguntas (música de Morales Pino y letra de López Narváez). Ojalá el historiador Jaime Rico Salazar, autor del libro clásico sobre Morales Pino, pudiera precisar la fecha exacta de su estreno, para rasguear tiple y bandola. 2) Demoledora la columna de Cecilia Orozco (El Espectador, 3-7-2013) en que desnuda la operación de inmarcesible lagartería y gula comercial que se esconde tras el título de Gran Colombiano conferido a Álvaro Uribe. Hay honores que degradan. 3) El purasangre inglés Thomas Chippendale cae fulminado en la pista tras ganar una carrera en Ascot el 22 de junio y ese mismo día muere su preparador, sir Henry Cecil. A la semana, el caballo Achtung gana en Madrid mientras velan a su entrenador, fallecido cinco horas antes. Y dicen que las peligrosas son las corridas de toros...

Daniel Samper Pizano
cambalachetiempo@gmail.com

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