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jueves, 16 de febrero de 2017

Estallido popular en Rumania



Por: El Socialista 
Izquierda Socialista
Argentina

Un decreto despenalizando los casos “menores” de corrupción, de fines de enero, desencadenó gigantescas protestas, las más grandes desde 1989, con medio millón de manifestantes en las calles, que ya impusieron la anulación del decreto y la caída del ministro de Justicia y que ahora piden que se vaya el gobierno en bloque.

El Partido Socialdemócrata (PSD) dirigido por antiguos burócratas de la dictadura del Partido Comunista y nuevos sectores patronales rumanos, ganó ampliamente las elecciones parlamentarias hace sólo dos meses, con el 45% de los votos.

Pero apenas votó el 39% de los ciudadanos. El PSD se alió al Partido Liberal para formar gobierno y eligió al primer ministro Sorin Grindeanu del PSD. Los partidos de la derecha clásica, sacaron muchísimos menos votos aún. Es decir, la mayoría de la población y principalmente los trabajadores no creen en ninguno de los partidos que se han turnado en el gobierno desde la caída de Ceaucescu en 1989. El presidente electo en 2014, Klaus Werner Iohannis es del Partido Nacionalista Liberal, que en las elecciones de diciembre obtuvo el 25% de los votos emitidos.



Lo que hizo explotar las actuales movilizaciones, sin dirigentes conocidos, fue un decreto según el cual todos los delitos de corrupción por menos de 48.500 dólares quedaban amnistiados.

En la Plaza de la Victoria, de Bucarest, no se pronuncian discursos, pero centenares de miles gritan:”¡Hotsii! ¡Hotsii!” (“¡Bandidos! ¡Bandidos!”). “Casualmente” el líder del PSD, Liviu Dragnea, está acusado de un delito de corrupción por 25.000 dólares, del que quedaría automáticamente amnistiado de aprobarse la ley. También otros 250 altos funcionarios del PSD serían beneficiados por la amnistía.



Crisis política aguda

La crisis política viene desde el 2015, cuando el anterior gobierno del PSD fue derrocado por grandes movilizaciones, después del incendio de una discoteca con 50 víctimas fatales (caso similar a Cromañón), que mostró la corrupción que había permitido que funcione esa discoteca. Desde entonces gobernó un “tecnócrata” conservador como primer ministro y en diciembre del 2017 se produjeron las elecciones en las que volvió el PSD.

Imperialismo, pobreza y explotación laboral

El gobierno del PSD desmanteló la legislación sindical en el 2010, anulando los contratos colectivos y restringiendo al extremo el derecho de sindicalización y huelga. Fue una medida exigida por el FMI para “mejorar” la economía rumana, permitiendo inversiones francesas y alemanas por la mano de obra barata. Esto se produjo en muchas fábricas, entre otras la Renault dueña de la antigua fábrica de autos Dacia, con una producción de un millón de autos por año, herramientas y partes para todo el grupo Renault, con 13.000 obreros en varias plantas.

Corrupcion y miseria

El pueblo rumano atribuye en gran parte a “la corrupción” no sólo que la pobreza no se solucione sino que empeore, por la liquidación o extremo deterioro de servicios gratuitos (especialmente en la salud pública, donde los médicos y trabajadores ganan una miseria y en muchos casos hay que pagar coimas al médico o personal para ser atendido). Como en otros países de la ex “órbita soviética” del Este de Europa, la corrupción se masifica con la restauración capitalista y el robo por la antigua burocracia gobernante de las empresas públicas que se privatizaron en beneficio de los antiguos burócratas transformados en una nueva oligarquía que se sigue enriqueciendo manejando el Estado.
Por eso, si bien el reclamo actual es contra la ley de amnistía a los corruptos, la demanda de mejores salarios y condiciones de vida es constante. A tal punto que el PSD ganó las elecciones de dos meses atrás con la promesa de aumentar los salarios. Al asumir aumentó el salario mínimo en un 18%, a 1450 lei (340 dólares), pero esto no satisfizo las expectativas, porque los salarios siguen siendo miserables.

La restauración capitalista no trajo progreso social, sino aumento de la desigualdad y pobreza. Por eso la lucha de los trabajadores, la juventud y el pueblo rumano, aun sin dirección ni salida clara, apunta contra todo el régimen político oligárquico y sirviente del imperialismo.

Ceaucescu, el dictador fusilado

Antes de la segunda guerra mundial, Rumania tenía una dictadura fascista aliada a los nazis que participó con su ejército en la invasión de Alemania nazi a la Unión Soviética. Derrotado Hitler en Rusia, Rumania fue ocupada, como toda Europa Oriental, por el Ejército Rojo de la Unión Soviética en 1944. Con el pacto de Yalta (1945) que Stalin firmó con Churchill (Gran Bretaña) y Roosevelt (Estados Unidos), y se repartieron el mundo, quedó Europa Oriental bajo el poder de la Unión Soviética (a cambio del resto del mundo para el imperialismo).

Así se establecieron desde 1945 las “Repúblicas populares” en Europa Oriental, incluyendo Rumania, Alemania Oriental, Polonia, Bulgaria, Checoslovaquia y Hungría, adonde se expropió a los capitalistas, en parte para las reparaciones de guerra a la ex URSS, y se establecieron regímenes burocráticos dictatoriales de los Partidos Comunistas. Todos los regímenes burocráticos de esos países fueron estableciendo relaciones de dependencia creciente con el imperialismo.

En Rumania desde 1965 llegó al poder, por muerte del dictador anterior, Nicolae Ceaucescu. Agudizó el carácter dictatorial, el culto a la personalidad y la apertura económica al imperialismo, contrayendo enormes préstamos con el FMI para hacer grandes acerías y un gigantesco palacio de mármol. Esto llevó a una aguda crisis económica en los ochenta, por el pago de la deuda, acatando los planes del FMI (como Argentina en la misma época), con gran inflación y hambrunas, mientras el dictador y muchos de los jerarcas del régimen abrían cuentas e inversiones en Austria y otros países.

En 1989 Rumania fue parte de la rebelión popular que barrió a los regímenes stalinistas, de la ex URSS y el este de Europa (con la recordada “caída” del muro de Berlín). Se trató de una insurrección sangrienta con miles de muertos y heridos, donde se dio vuelta el ejército y el propio Partido Comunista y el dictador y su esposa fueron fusilados y su ejecución filmada, para calmar a los manifestantes.

A partir de entonces, se sucedieron en el poder los ex comunistas, cambiados de nombre (PSD) y varios partidos de derecha. Todos aplicaron los planes de restauración capitalista y los dictados del FMI. El sistema imperialista de la Unión Europea domina Rumania, que es el segundo país más pobre de Europa. Los datos publicados por el Ministerio de Trabajo local muestran que un 25% viven en la pobreza absoluta (no tienen para el consumo más básico, calculado en 72 dólares por persona) y un 40% son considerados pobres. Es uno de los pocos países, junto con Ucrania, donde la población disminuyó (por baja natalidad y migración) en los últimos 15 años (de 23 a 20 millones). La entrada a la Unión Europea sirvió para que más de 3 millones de rumanos emigrara, principalmente a Italia y España, en busca de mejores condiciones de vida. Ahora hay escasez de mano de obra industrial por la gran emigración.

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